Reunion 2025-12-20

Podcast Reunion 2025-12-20

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Transcripción

Locutor 1: Bienvenidas y bienvenidos, hoy nos vamos a sumergir en un material que es, la verdad, fascinante. Tenemos la transcripción completa de una reunión de la Iglesia Evangélica Asamblea de Dios Cristo Redentor, la IEADCR.

Locutor 2: La reunión es del 20 de diciembre de 2025 y el objetivo es, bueno, desglosar qué pasó esa tarde: la música, los mensajes, los testimonios... para quienes quieran revivirlo o entender cómo funciona esta comunidad por primera vez.

Locutor 1: Así es, y para eso contamos con la transcripción y también con el himnario de la congregación. Lo que es una gran ayuda, nos permite reconstruir no solo lo que se dijo, sino el ambiente que se buscaba crear. Y te digo que desde el minuto uno queda clarísimo que el tono es de una urgencia, una expectativa muy marcada, casi como si fuera una cuenta regresiva. ¿Empecemos por el principio, entonces? ¿La música?

Locutor 2: La reunión arranca con dos himnos que a primera vista son muy distintos. El primero es el número 61, "Viene otra vez". El título bueno, ya lo dice todo. El tema es el regreso inminente de Cristo; la letra habla de ángeles y hombres cantando al rey vencedor.

Locutor 1: ¿Pero es el coro el que de verdad martilla la idea principal, cuál es? Dice: "Viene otra vez, viene otra vez, en gloria viene al mundo otra vez". Repetir esto así al inicio no es casual; establece un marco que en teología se llama escatológico, o sea, centrado en el fin de los tiempos.

Locutor 2: Entonces, empezar con un himno sobre el fin del mundo... ¿Qué ambiente está buscando crear? ¿Es miedo, es esperanza, urgencia? Es una mezcla.

Locutor 1: Una combinación muy potente, la verdad. En la teología pentecostal, la idea del regreso de Cristo no es tanto una amenaza, es más un llamado a la pureza, a la misión. Pone todo lo que va a pasar después —los problemas del día a día, las noticias, los testimonios— todo en una perspectiva cósmica. Es como si dijera: "Oigan, presten atención, porque lo que importa no es lo temporal, sino lo eterno". Y ese momento eterno está a la vuelta de la esquina.

Locutor 2: ¿La prioridad máxima es estar preparado?

Locutor 1: Exacto. Es una forma muy, muy efectiva de captar la atención de todos desde el segundo uno. Y justo después de eso, pasan al himno 257: "Manda, oh Dios, una ola de poder". Aquí el foco cambia drásticamente, ¿no? Pasa de anunciar algo futuro a rogar por una intervención ahora mismo. ¿Una transición clave?

Locutor 2: Sí. Piden una "ola de poder, grande poder que llene todo el ser". Y esto, bueno, esto es el corazón de la tradición pentecostal. No se enfocan solo en creer en Dios de forma intelectual, sino en experimentar su poder de una forma directa, tangible.

Locutor 1: Ajá. O sea, no basta con saber que Cristo viene; sienten que necesitan una fuerza espiritual, un avivamiento, para poder esperarlo como se debe. Y esa petición de poder no se queda, digamos, flotando en el aire. Inmediatamente después de la música, el orador la conecta de una forma brutal con la realidad, o al menos con la percepción de la realidad que se presenta allí.

Locutor 2: Sí, aquí es donde la urgencia que decíamos al principio se vuelve explícita. Se ancla en eventos del mundo. Es como decir: "Necesitamos este poder de Dios ahora mismo y les voy a explicar por qué". Y el orador presenta una serie de puntos como si fuera un parte informativo de señales del fin, y las afirmaciones son muy, muy contundentes.

Locutor 1: Se menciona primero que la Biblia enseña que tiene que ocurrir una Tercera Guerra Mundial y luego ya pasa a noticias, digamos, concretas y alarmantes. Se informa que Estados Unidos habría bombardeado Venezuela, lo que causó víctimas, y de ahí salta a supuestas tramas del Papa en Roma contra las iglesias evangélicas. Incluso cita un profeta anónimo que afirma que en el Vaticano se están invocando demonios para cerrar templos evangélicos.

Locutor 2: Un momento, detengámonos aquí: bombardeo a Venezuela, complots del Vaticano... se presentan como hechos. Desde nuestra posición, que es analizar el texto, es clave señalar que estamos reportando lo que se dijo en ese servicio, no estamos verificando estos hechos. ¿Cuál es el propósito de presentar estas noticias de esta forma tan categórica?

Locutor 1: Esa es la pregunta clave. El propósito no es periodístico para nada, es pastoral, es retórico. Se construye una narrativa de un mundo caótico, hostil y al borde del colapso. Presentar estas noticias sin matices crea un enemigo claro y un peligro inminente. Refuerza la idea de que el mundo exterior es un lugar de persecución, de engaño, como lo que mencionan de Nigeria.

Locutor 2: Exacto. Mencionan un ataque real en Nigeria donde quemaron iglesias y asesinaron a cristianos. Al mezclar eventos que sí son verificables con afirmaciones que no lo son, pues todo adquiere un aura de verdad irrefutable en ese contexto.

Locutor 1: Entiendo. Se crea un escenario donde la única seguridad posible está dentro de la Iglesia, dentro de la fe. Y el llamado a la acción que sigue es, lógicamente, muy directo.

Locutor 2: Directísimo. La conclusión es que la iglesia debe "despertar, vigilar y orar". Y se cierra con una cita bíblica que es casi un grito de guerra: "Solo los valientes arrebatarán el Reino de los cielos". El mensaje es claro: esto no es para espectadores, es una lucha espiritual activa y el tiempo se agota.

Locutor 1: Y toda esta preparación, esta sensación de un mundo hostil, sirve de antesala para el mensaje principal de la tarde, que es justo sobre cómo sobrevivir a todo esto.

Locutor 2: Exactamente. El predicador, el hermano Samuel, toma la palabra y basa todo su sermón en una de las parábolas más conocidas de Jesús, la que está en el Evangelio de Mateo: la de los dos cimientos.

Locutor 1: Esa misma: la del hombre prudente que construyó su casa sobre la roca y el insensato que la construyó sobre la arena. Una imagen muy visual, muy fácil de entender. La roca, explica él, es Cristo. Ese es el único fundamento posible, pero lo interesante es cómo define la arena. No es simplemente ser ateo.

Locutor 2: No, para nada, y ahí está la fuerza de su mensaje para la gente que está ahí sentada. La arena, según él, puede ser la tradición familiar ("creer porque mis padres creyeron") o ir de iglesia en iglesia, como dice él, buscando experiencias y emociones pero sin echar raíces. La arena es cualquier cosa que parezca fe, pero que no sea una relación personal sólida con Cristo. Es una fe superficial.

Locutor 1: Y luego usa las tormentas de la parábola —las lluvias, los ríos, los vientos— y las interpreta como los problemas de la vida y también como ataques espirituales. Y aquí hace una advertencia muy, muy directa a su propia comunidad.

Locutor 2: Sí, es un momento de introspección fuerte. Advierte que las contiendas, los enojos, las divisiones dentro de la congregación son una señal clara de que alguien no está sobre la roca, está sobre la arena. Es un llamado a que no solo miren el caos de afuera, sino las grietas que pueden aparecer adentro.

Locutor 1: Hay un punto del sermón que me parece crucial y es la advertencia contra las apariencias. La idea de que no basta con hacer cosas espectaculares en nombre de Dios.

Locutor 2: Absolutamente. Este es quizá el núcleo teológico del mensaje. Cita directamente el pasaje de Mateo 7, donde Jesús habla a gente que hizo milagros, que echó fuera demonios en su nombre, y les dice una de las frases más duras de toda la Biblia: "Nunca os conocí; apartaos de mí".

Locutor 1: Uff, tremendo. O sea, se puede tener una vida de aparente éxito espiritual, con señales y prodigios, y aun así estar fundamentalmente equivocado. El mensaje es que la relación genuina importa más que la acción pública.

Locutor 2: Sí, él lo resume diciendo que la mayor alegría para un creyente no es ver un milagro ni tener un don espiritual poderoso; es algo mucho más íntimo: saber que su nombre está escrito en el libro de la vida. Pone la autenticidad de la relación por encima de cualquier manifestación de poder.

Locutor 1: Y para que esta idea de la lucha espiritual no quede en algo abstracto, el predicador comparte una anécdota personal muy gráfica.

Locutor 2: Sí, un relato que seguro dejó a la congregación en vilo. Cuenta una experiencia con su sobrina. Dice que un día, en pleno calor, el ambiente de la habitación se puso helado de repente y vio, según sus palabras, un espíritu atormentando a la joven, hablándole al oído, diciéndole que se cortara, que se hiciera daño.

Locutor 1: Qué imagen tan terrorífica. ¿Y cómo se resuelve?

Locutor 2: Cuenta que en ese momento él reprendió a esa presencia en el nombre de Jesús, e inmediatamente la sobrina sintió una liberación, como un peso que se le quitaba, y el ambiente volvió a la normalidad. El propósito de la historia es claro: es hacer tangible, real, la advertencia de que las tormentas no son solo problemas económicos, son batallas espirituales literales y la única defensa es estar anclado en la roca.

Locutor 1: El sermón también tiene una parte de crítica muy dura hacia ciertas prácticas dentro del mundo evangélico. Una advertencia contra lo que él llama la "decepción doctrinal".

Locutor 2: Correcto. Critica abiertamente a líderes religiosos que, en sus palabras, "hacen mercadería de la fe". Y da ejemplos que la congregación seguramente reconoce, como pastores que piden ofrendas varias veces en un mismo servicio o actos como patear la Biblia. Una denuncia contra la comercialización y el espectáculo.

Locutor 1: Totalmente, y lo contrasta con el modelo de los apóstoles. Cita a Pedro diciéndole al paralítico: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy". El mensaje es que el verdadero poder de la Iglesia no está en el dinero ni en el show, sino en la autoridad espiritual.

Locutor 2: Después de un sermón tan intenso —la fe, la roca, las tormentas— llegamos a los testimonios, que es donde todo esto se vuelve real, ¿no? Donde la teoría se pone a prueba.

Locutor 1: Y el testimonio de la hermana Marcia de verdad es impactante. Es el ejemplo perfecto de todo lo que el hermano Samuel acaba de predicar. Es un relato dramático.

Locutor 2: Sí, cuenta que su hijo sufrió un accidente de moto gravísimo y los médicos, bueno, le dieron el peor pronóstico posible. Ella relata, y estoy citando, que el médico le dijo textualmente que su hijo "no tenía más vida".

Locutor 1: Imagínate escuchar eso como madre. Es una sentencia de muerte.

Locutor 2: Exacto. Y su respuesta, según el registro, no fue de resignación, fue de desafío espiritual. Ella dice que mientras los médicos se daban por vencidos, ella se aferró a su fe. Clamó a un Dios que, en sus palabras, "lo imposible lo hace".

Locutor 1: Esa frase es la tesis del sermón hecha carne. Es la prueba de la casa sobre la roca. La tormenta llegó con toda su furia y ¿el resultado?

Locutor 2: El resultado, según su testimonio, es la confirmación de su fe contra todo pronóstico. Su hijo no solo sobrevivió, sino que se recuperó por completo. Cuenta con orgullo que hoy trabaja como maquinista. Este testimonio funciona como la evidencia viviente para todos los presentes de que lo que se predicó no son solo palabras bonitas. Valida todo el mensaje.

Locutor 1: Fue un momento muy poderoso. Y no fue la única, ¿cierto? La transcripción menciona que también participaron otros.

Locutor 2: Sí, el Pastor, una hermana llamada Agustina, un joven... y eso también es importante. Aunque el de Marcia es el más dramático, la participación de otros muestra el carácter comunitario de la fe. No es solo una historia espectacular; son varias experiencias, grandes y pequeñas, que se comparten para fortalecer al grupo. Cada testimonio es como un ladrillo más en ese muro de la fe colectiva.

Locutor 1: Entonces, si unimos todas las piezas que tenemos, la reunión del 20 de diciembre fue, en esencia, un llamado intenso y urgente a la preparación espiritual.

Locutor 2: Por un lado, se pinta un cuadro de un mundo al borde del abismo, con guerras, conspiraciones y persecución. Y por otro, se ofrece la solución, no una solución política o social, sino una espiritual e individual. La única seguridad, el único refugio, es un fundamento personal y sólido en Cristo.

Locutor 1: La idea central es que, en un mundo que se percibe como caótico, la fe no puede ser teórica, tiene que ser una fe probada. Para cerrar, hay una idea que el predicador dejó en el aire, una distinción que me pareció muy provocadora. Hizo una diferencia muy marcada entre ser simplemente una "criatura de Dios" y ser un "hijo de Dios".

Locutor 2: Sí, es una distinción teológica clave en este tipo de iglesias. Según explicó, todas las personas son criaturas por el hecho de haber sido creadas, pero el estatus de "hijo", con los derechos y la relación íntima que implica, no es automático. Se alcanza, según su enseñanza, al recibir activamente a Cristo, al darle la autoridad sobre tu vida.

Locutor 1: Esto nos deja con una pregunta interesante para reflexionar: más allá de una creencia general, ¿qué implica realmente, en términos prácticos, construir una vida sobre la roca en lugar de sobre la arena?

Locutor 2: Y llevando esa pregunta un paso más allá: si las tormentas son inevitables para todos, ¿cómo podría una persona, desde cualquier perspectiva, discernir en cuál de los dos terrenos —el sólido o el inestable— está edificando realmente su propia vida?